Anécdotas Urbanas
Ni sortear el caos vial ayuda a llegar puntual cuando la memoria falla
domingo, 26 de marzo de 2017 05:57:03 p. m.
Ni sortear el caos vial ayuda a llegar puntual cuando la memoria falla
Interesantes reflexiones en una crónica contra el tiempo y al volante
Este día me levanté más temprano que de costumbre. No sé por qué se me fue el sueño pensando en el pobre ex timbiriche Erik Rubín, que nada más le pegó una sola canción como solista, “cuando mueres por alguien”, y me decía a mí mismo: Si no fuera por Sasha y Benny, este pobre ya se hubiera muerto de hambre. Así que decidí levantarme de la cama para ya no pensar en babosadas.
 
Tenía una cita con mi agente de seguros de vida en El Chanderliú que está por la Ciudades Hermanas en la colonia Guadalupe, a dos cuadras al oriente de la Obregón. Quedé de verme con ella a las diez de la mañana. Ya tenía el trazo mental de la ruta que tenía que seguir, y el tramo más sufrido era transitar por la Obregón, desde el puente Hidalgo hasta La Lomita.
 
Faltaban quince minutos para las diez de la mañana. Sí llego a tiempo, me dije. Pero no contaba con que los semáforos que están colocados sobre la Obregón y los méndigos camiones urbanos, me iban a echar a perder mi acostumbrada puntualidad.
 
Antes de bajar el puente Hidalgo rebasé a un camionero que iba mensajeando en su celular, con el autobús hasta el tope de pasajeros. Si se ataranta este amigo se va a subir a la banqueta, va a tumbar el barandal y va a caer sobre el malecón nuevo, pensé.
 
Total, que llego al semáforo donde está el Casino de la Cultura y estaba en rojo. Me detengo, espero la luz verde y avanzo, cruzo la Buelna pero cuatro urbanos que estaban hechos bolas hicieron que me atorara antes de llegar a la Rosales. Ahí vi a una educadora vial y pensé: esos uniformes les quedan bien gacho a estas morras, deberían cambiárselos por algo que se les vea mejor.
 
Se pone la luz verde y avanzo, luego cruzo en verde el semáforo de la Ángel Flores y esquivo a unos compas que les valió el semáforo peatonal y se cruzaron de Catedral hacia La Parisina.
 
Sigo adelante y veo que el semáforo de la Hidalgo comienza a parpadear, trato de acelerar pero mido que no llegaré a tiempo y me freno ahí frente a la que creía que se llamaba papelería Belpa. Ya no, ahora se llama Belpapel. ¿Cuándo le cambiaron de nombre? Quién sabe! Espero a que se vuelva a poner en verde el semáforo, checo el reloj y ya eran las nueve con cincuenta. Se me fueron cinco minutos en dos semáforos y un atorón de camioneros. Todavía llego a tiempo, me dije y seguí de frente.
 
Crucé alegre el semáforo de la Juárez y el de la Escobedo. Miro al edificio del Ayuntamiento y veo a un policía panzón en la entrada rascándose los “desos” enfrente de varias mujeres. También en eso deberían educar a los polis, pensé mientras volvía rápido la vista al frente para no chocar o atropellar a un cristiano.
 
Ya la hice, pensaba, cuando de pronto el semáforo donde están las tortas 24 Horas se pone en rojo. Valiendo. Mejor me resigné y me puse a mirar el paisaje urbano. Cruzaron varias señoras llenas de lonjas. Como hay gente gorda en Culiacán, pensé. Y no están así gratis; así han de tragar estas doñas. Bueno, ése gordo también, dije, cuando un muchacho panzón y mantecoso cruzó a contra esquina, desde los vestidos para novia hacia las tortas. Entró ahí. Con razón estás tan gordo mijito.
 
En eso llega la ansiada luz verde. Los semáforos del bulevar Madero y de la Francisco Villa siempre los agarro en verde, recordé. Y sí iba a ser así, pero había dos camiones urbanos atravesados y una fila de carros queriendo entrar al estacionamiento del hotel San Marcos. Se acabó el verde, a esperar. Vi a la doña güera que vende El Debate en esa esquina. Todavía está aquí esta señora, llega como a las 3 de la mañana, que friega se para.
 
Se puso en verde, crucé el Madero, la Francisco Villa, y al llegar al Leyva Solano, me detuvo el rojo. Estos pend…de vialidad, no saben sincronizar los semáforos, me van parando en cada esquina. Vi el reloj: ya eran las nueve con cincuenta y siete minutos. Ya no llegué a tiempo.
 
Luego obró un milagro, agarré en verde los tres semáforos siguientes y ya me detuvo el rojo hasta donde está la Coppel Obregón. Vi algunas chavas con playera azul marino y pantalón negro. Son de la Coppel y aguantan, dije. Luz verde, arranco, cruzo el Zapata y calculé: de aquí hasta el semáforo de la plazuela de la Lomita me voy a ir liso.
 
Pero, ohhh decepción. Al cabo de tres cuadras había un atolladero, iba una carroza y una caravana fúnebre, y por el carril contrario, venía una pequeña manifestación de no sé qué. No cabe duda que para hacer un desmadre no se ocupa mucha gente. Con 10 locos y una manta tapas la calle.
 
Decido dar vuelta por la Río San Lorenzo, donde era la casa de Gobierno. Luego enfilo por la Paliza con dirección hacia la Lomita. Llego a la Río Elota y están varias patrullas de la municipal tapando las dos calles a los costados de la caseta de policía. Me pego al claxon y los polis como si no oyeran.

Por fin se compadecen, mueven las patrullas y logro pasar, doy vuelta en la Río Piaxtla, donde está el edificio viejo y terror!, estaban reparando una fuga de agua los de la Japac.
 
Resignado, me estacioné antes, descendí, puse la alarma y me dispuse a ir a pie las dos cuadras que me faltaban. Llego al restaurante y no veo a mi agente de seguros. Tomo una mesa, pido un café. Veo el reloj: Las diez con quince minutos.

Vendría y ya se iría? No, no creo que me haya esperado tan poquito. En eso decido marcarle desde mi celular cuando se me viene a la mente de golpe algo muy importante: La cita no era hoy! ¡¡¡Era mañana!!!!!

*Anécdota publicada por un usuario de Facebook.

 
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